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En su noche de bodas, la novia se desnuda para otro
May 7th
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Y yo os declaro, marido y mujer… Y con una benévola sonrisa en la boca, el sacerdote se dirigió al novio: Puedes besar a la novia. La iglesia se llenó de un rumor de voces y risas. La boda había terminado y todo había sido precioso. digno de un cuento de hadas. La novia estaba radiante. Su vestido blanco llenaba cualquier habitación por la que pasaba. Su maravilloso cabello rubio, recogido en un gracioso moño y coronado con un pequeño adorno de flores blancas hacía juego con el resto de su vestuario. Nada hacía pensar que iba a tener sexo salvaje esa noche… sin su marido.
La falda, a pesar de llegar hasta los pies e ir barriendo allá por donde pasaba, dejaba entrever al caminar sus tobillos, cubiertos por unas medias blancas, y rematados con unas exageradamente incómodos pero hermosos zapatos blancos de tacón. Mientras los novios se besaban, los padrinos aplaudían sin hacer demasiado ruido, al igual que gran parte de los invitados a la ceremonia. La madrina, hermana de la novia, llevaba un ceñido traje rojo que insinuaba gran parte de su exuberante cuerpo, llenando de envidia a las mujeres y de deseo a todos los hombres allí presentes.
Tardaron alrededor de una hora en acabar con todas las obligaciones siguientes. Las fotos con la familia y amigos, la procesión de felicitaciones, tanto sinceras como de compromiso, las bromas de los amigos, más fotos, más felicitaciones, y así hasta que por fin llegaron al salón del hotel donde iban a celebrar la cena para festejar el magno acontecimiento.
La celebración transcurría por los caminos acostumbrados. Los camareros iban y venían, trayendo y retirando platos y bebidas al ritmo que marcaba la gula de los invitados. Llegó el momento de la tarta y los novios usaron para cortarla una espada de estilo oriental que los amigos les habían regalado. Fue también ese el momento que las amigas de la novia eligieron para quitarle la liga de las medias, haciendo un corrillo para que nadie viera más de lo que su imaginación le permitiera, y la cortaron en trocitos, al igual que la corbata del novio, que sufrió el mismo destino, y que después colocaron en una bandeja y fueron vendiendo entre los invitados, recogiendo al final unas cien mil pesetas, cantidad más que considerable, y cuyo destino era, naturalmente, conseguir que el viaje de los novios fuera disfrutado más aún por estos, si eso era posible.
Acabada la procesión de comida, comenzó el baile y la fiesta. Los diligentes camareros apartaron todas las mesas del centro del salón, y en la improvisada pista de baile los novios comenzaron a moverse al ritmo del vals. Poco a poco fueron sumándose parejas hasta que la mayoría de los invitados se encontraron bailando un poco de todos los ritmos de bailes de salón conocidos y por conocer. Desde el pasodoble hasta el twist, pasando por la lambada y el merengue.
La noche era joven. Los amigos de los novios no pensaban dejarlos dormir y tenían la firme intención de alargar la fiesta hasta el amanecer. Incluso algunas de las personas de más edad de la fiesta daban ánimos y lecciones de baile a los más jóvenes, sacando fuerzas de donde nadie podía imaginarse en personas de esa edad.
Después de una implorante mirada de la novia a su hermana, las dos salieron del salón en dirección a la habitación donde se suponía que los novios debían de pasar la noche. Una vez allí, y después de haber pasado ambas por los lavabos de la habitación, por riguroso turno, eso sí, se tumbaron sobre la cama y se quitaron los zapatos que llevaban ya varias horas martirizando a sus sufridos pies.
- ¡Dios mío, Luisa! Esto es aún más agotador de lo que me había imaginado. No sé si voy a tener fuerzas para volver a levantarme. El vestido de novia me asfixia, el liguero me aprieta, los zapatos me están matando, y esos locos de nuestros amigos siguen queriendo fiesta hasta el amanecer. He bailado hasta con hombres que no había visto en mi vida, y algunos de ellos incluso me han metido mano. Mi recién estrenado marido está como ausente, tengo veinticuatro años y apenas puedo mantenerme en pié… y se supone que este tiene que ser el día más feliz de mi vida.
- No te preocupes hermanita. Todo eso es normal. Yo tengo dos años menos que tú y tampoco puedo seguir ya. Entre los nervios y el cansancio, estoy para meterme en cama y no levantarme en una semana.
Realizando un enorme esfuerzo, Luisa se incorporó y ayudó a hacer lo mismo a su hermana Eva. Se colocó detrás e ella, arrodillada en la cama, y comenzó a realizarle un reconfortante masaje en los hombros.
- ¡Hummmm! Que agradable. Gracias, Luisa. Me estaba haciendo falta algo así.
- Relájate y deja que los nervios y el cansancio desaparezcan de tu cabeza. Vamos a estar aquí unos minutos descansando.
- Pero abajo nos están esperando…
- No te preocupes. Nadie nos echará de menos al menos durante otra media hora. Cierra los ojos y relájate.
Eva siguió las instrucciones de su hermana. Intentó olvidarse del mundo, de la fiesta, de su novio, ya marido, del cansancio…
- Eso es. Relájate y descansa. Concéntrate solo en el sonido de mi voz, y verás como todos los nervios desaparecen por completo. Relaja los músculos, la cabeza… no pienses en nada y relájate…
Eva notaba como todo desaparecía de su mente excepto la voz de su Laura. Era una sensación maravillosa. Probablemente nunca hubiera podido relajarse tanto si fuera otra persona la que estuviera con ella, pero confiaba en su hermana más que en cualquier otra persona del mundo. Se abandonó completamente a ella.
- Relájate sin miedo… no pienses más que en mi voz… nada es más importante que mi voz…
No, nada era más importante que su voz. La mente de Eva se iba fijando más y más en la voz de Laura. Su relajación era casi absoluta. El cansancio de todo el día la había agotado hasta el punto de hacerla extremadamente sensible a las sugestiones.
- … relajada… te sientes como flotando entre nubes… tranquila… relajada… muy relajada…
Sí, relajada, muy relajada. Así se sentía Eva.
- … tan relajada que te está entrando sueño… mucho sueño…
Dormir. Solo sentía ganas de dormir. Sabía que no debía de dormirse porque abajo la estaba esperando mucha gente, pero tenía unas enormes ganas de dormir. Su hermana le decía que se durmiera, y no podía evitar sentir sueño…
- … mucho sueño… muy relajada…
La oscuridad se apoderaba de su mente. Se sentía completamente abandonada a su hermana. Pensar era demasiado fatigoso, y solo quería dormir.
- … dormir…
- … y ¡Tres!
Eva abrió los ojos de repente. Durante unos segundos no supo donde estaba, hasta que vio la sonriente cara de su hermana. Estaban en la habitación del hotel y habían subido allí para descansar un rato.
- ¿Me he dormido?
- Solo un rato. ¿Como te encuentras?
Antes de contestar movió sus hombros para comprobar si el cansancio seguía allí. Nada. No había dolor, ni cansancio. Nada de nada.
- Me siento estupendamente. Tu masaje me ha sentado de maravilla. Ya no me duelen los hombros, ni tengo los músculos agarrotados. Y además apenas me siento cansada. ¿Como lo has hecho?
- ¿Recuerdas aquellos cursos de psicología a los que me apunté el año pasado? En uno de ellos me enseñaron a hipnotizar. Creo que soy una buena alumna.
- ¿Me has hipnotizado? – había un cierto tono de incredulidad y de burla en su voz – Venga hermanita, seamos serias.
- ¿No te lo crees?
Laura no parecía molesta con la incredulidad de su hermana. Más bien estaba divertida.
- No se puede hipnotizar a la gente en tan poco tiempo. Lo leí en un libro una vez. Necesitas varias horas para conseguir que alguien sea hipnotizado.
- En efecto, pero eso es cuando la persona conserva todas sus facultades. Tu estabas muy cansada esta noche, y tan solo querías dormir. Inconscientemente, tu mente quería descansar, relajarse después del agotador día que has pasado, y así ha sido más fácil. En tan solo unos minutos he conseguido ponerte en trance, cuando normalmente se necesitan horas para hacerlo.
- Creo que has bebido demasiado esta noche. Y además, ya va siendo hora de que volvamos a la fiesta.
Cogió uno de sus zapatos y comenzó a colocárselo en el pié.
- ¡Duérmete, Eva!
Su cabeza cayó hacia adelante como si de una marioneta se tratara, mientras el zapato apenas hizo ruido al caer al enmoquetado suelo de la habitación.
- Estás dormida hermanita. Completamente dormida y relajada. Ya no sientes el cansancio. Tu cuerpo está completamente relajado y tranquilo. Tu mente no piensa en nada… en nada que yo no quiera que piense. Sigue poniéndote los zapatos, pero póntelos al revés.
Con los ojos cerrados, tanteando, Eva siguió las instrucciones de su hermana.
- Ahora, cuando cuente tres, abrirás los ojos. Uno, dos, ¡tres!
Con la ya familiar sensación de abandono de antes, los ojos de Eva miraron durante un instante a su hermana.
- ¿Me he vuelto a dormir?
- Mas o menos.
- No es posible. ¿Que me has hecho?
- Ya te lo he dicho antes. Te he hipnotizado.
- ¡Venga ya! Deja de decir tonterías.
- Muy bien, como quieras. ¿Nos vamos?
Eva se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta, pero cuando apenas había dado dos pasos una expresión de dolor inundó su rostro.
- ¡Ouch! Como me duelen los zapatos.
- ¿Has probado en ponértelos en el pié que corresponde a cada uno?
- ¿en el pie…? ¡Pero que tonta soy! Me los he puesto al revés.
Volvió hacia la cama y se sentó en ella. Se quitó rápidamente los zapatos y se los colocó de nuevo, pero esta vez correctamente. Se levantó y se dirigió hacia la puerta. Laura bajó de la cama. Seguía descalza. Sus pies apenas estaban cubiertos por el negro velo de las medias que llevaba, pero no sintió frío, puesto que toda la habitación estaba cubierta por una mullida moqueta. Con una perversa sonrisa en los labios, miró como su hermana cogía el pomo de la puerta para abrirla.
- ¡Duérmete, Eva!
Aún con la mano sobre la puerta, la cabeza de Eva volvió a caer hacia delante. Increíblemente, mantuvo el equilibrio aún cuando su mano se deslizó sin fuerzas hacia su costado.
- Cuando te diga, abrirás los ojos, pero seguirás dormida. Vendrás hacia la cama y volverás a sentarte en ella. Te quitarás los zapatos, y entonces volverás a cerrar los ojos y a esperar mis instrucciones. ¡Ahora!
Tal y como su hermana le había ordenado, abrió los ojos. Tenía una inexpresiva mirada mientras se dirigía hacia la cama. Se sentó y se quitó los zapatos. Una vez finalizado el trabajo, cerró los ojos y su cabeza cayó de nuevo sobre su pecho.
Laura se acercó a ella y comenzó a hablarle mientras con las manos le quitaba el precioso tocado con flores que había sobre su pelo.
- Eres mía, Eva. Mientras estés dormida harás todo lo que yo te diga y ni siquiera sabrás que lo estás haciendo. Pero cuando despiertes también seguirás en mi poder. Cuando te diga que despiertes, lo harás, pero no podrás salir de esta habitación sin mi permiso. Harás todo cuanto yo te diga, sin dudar, sin rechistar, sin pensar. No pondrás pegas a ninguna de mis ordenes. Seguirás siendo tú misma, pero sin voluntad para incumplir mis mandatos. Ahora, háblame. ¿Has entendido mis órdenes?
Lacónicamente, la respuesta de Eva casi resbaló de sus labios.
- Sí.
- ¿Que es lo que harás cuando despiertes?
- Todo cuanto me digas.
- ¿Hay algo que no harías por mí si yo te lo pidiera?
- No
- Muy bien, Eva. Abre tus ojos, ¡ahora!
De nuevo la sensación de abandono. De nuevo la inquisitiva mirada sobre su hermana, aunque en esta ocasión, una breve sombra de enfado cruzó por sus ojos.
- ¿Que me estas haciendo?
- ¿Todavía no crees que te haya hipnotizado?
Inquieta, miró a su alrededor. Miró la puerta intentando recordar. Miró hacia el suelo, hacia sus zapatos, inertes sobre la moqueta, lejos de sus pies donde recordaba perfectamente haberlos colocado. Levantó los ojos hacia su hermana.
- Sí. Creo que me has hecho algo. Pero si es una broma, ya está bien. Es suficiente. Ahora vayamos abajo. Hay gente esperándonos.
Se levantó de la cama y comenzó a caminar. Nerviosa, ni siquiera se acordó de los zapatos. Sintió la mullida moqueta a través de la suavidad de las medias blancas que cubrían sus pies.
- ¡Siéntate!
Sin poder evitar hacerlo, volvió sobre sus pasos y se sentó de nuevo en la cama. Una vez allí, miró de nuevo a los ojos de su hermana, implorando.
-¿Porqué me haces esto?
- Lo hago por tu bien. Hay alguien a quien quiero presentarte. Alguien a quien tú ya conoces, pero que probablemente habrás olvidado. Alguien a quien hiciste daño una vez, y ahora quiere felicitarte por tu boda.
Sin poder creer lo que estaba oyendo, dirigió su mirada hacia donde señalaba su hermana, hacia la puerta del cuarto de baño. Un hombre la estaba observando desde allí. Un hombre al que ella conocía.
- ¡¿Nacho!? ¿Que estás haciendo aquí?
Nacho había sido novio suyo hacia un par de años. Habían pasado buenos ratos juntos, pero ella decidió dejarle por otro, precisamente el hombre con el que acababa de casarse. Nacho había intentado hablar con ella en algunas ocasiones, pero tan solo en una pudo hacerlo, y ella no le dijo cosas agradables. Rompieron del todo sin posibilidad de reconciliación, y no quedaron como buenos amigos precisamente.
Eva comenzaba a sospechar que estaba teniendo un mal sueño. Mas bien una pesadilla. Aquello no tenía mucho sentido. Su hermana decía haberla hipnotizado, y a pesar de que no acababa de creérselo, la verdad es que había estado haciendo algunas tonterías durante los últimos minutos. Y ahora, Nacho aparecía en su habitación saliendo del cuarto de baño. Ella había entrado allí apenas unos minutos antes y no había nadie. ¿Por donde había entrado? ¿Y cuando?
Intentando conseguir alguna respuesta a sus no formuladas preguntas, volvió la mirada hacia Eva, solo para ver con total incredulidad como su hermana estaba en el suelo, descalza, arrodillada, con la cabeza y los brazos en el suelo, en posición de total humillación, casi de adoración, hacia Nacho.
- He hecho todo lo que me habías dicho, amo. La he traído aquí, y la he hipnotizado para ti. ¿Estas contento, amo? ¿Lo he hecho bien?
Por primera vez, Nacho dejó oír su voz.
- Lo has hecho muy bien, Laura. Tu amo está contento. Te has ganado una recompensa. Levántate.
Agilmente, Laura se levantó del suelo y se acercó a su “amo”. Nacho la cogió por la cintura y la besó apasionadamente, aunque ni siquiera con la mitad de pasión con la que ella le devolvió el beso. Mientras se fundían en aquel inesperado abrazo, la mano de Nacho bajó hasta el trasero de Laura y comenzó a sobárselo sin el menor pudor.
Ella dirigió sus manos hacia su falda y repentinamente se levantó el vestido, dejando a la vista sus bragas negras de encaje, su excitante liguero, también negro, y, allá donde sus bragas no llegaban a cubrir, sus hermosas y prietas nalgas, y casi acariciando la mano de Nacho, la dirigió hacia ellas guiándole y ayudándole a manosearlas.
Eva mantenía los ojos fijos en su hermana. Jamás la había visto actuar así. Parecía adorar a Nacho. Disfrutaba de sus caricias más que él mismo. Había verdadera pasión en sus ojos y en sus actos. Le ofrecía su cuerpo como si fuera una mujerzuela y parecía gustarle que ella estuviera delante, mirándolos.
Sin dejar de asombrarse por el comportamiento de su hermana, sintió la fría mirada de Nacho sobre ella.
- Hola Eva. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.
Su cínica sonrisa parecía más una mueca que una demostración de alegría. Sus ojos la perforaban con la mirada.
Durante todo el tiempo que estuvieron juntos, ella jamás le dejó que la tocara. La verdad es que no fue más que un juguete en sus manos. Salió con él para pasar el rato, para reírse a sus espaldas con sus amigas. Nunca se lo tomó en serio. Cuando descubrió que su relación sí que era importante para él, pensó en dejarlo, pero le agradaba la idea de tener a un hombre a sus pies como un perrito faldero. Pero cuando él mostró su lado más posesivo, decidió acabar con el juego y abandonarle.
- ¡Saluda al amo, zorra!
La voz de su hermana la sacó de sus pensamientos. No tenía nada que decir, y desde luego, no pensaba saludar a Nacho, pero por algún motivo, lo hizo.
- Hola Nacho.
- Estás muy guapa con ese vestido. Yo soñaba que algún día lo llevarías para mi.
- Lo nuestro fue un error desde el principio. No había amor en nuestra relación. Nunca debimos…
- ¿Amor? ¿Dices que no hubo amor? – la voz de Nacho sonaba enfurecida – Eres la única mujer a la que he amado de verdad en toda mi vida. Cuando me dejaste pensé que no podría seguir viviendo. Nada tenía sentido para mí. Me volví violento, hosco y pendenciero. Perdí a mis amigos, mi trabajo y mi dignidad. ¿Y dices que no hubo amor?
- ¡Yo no te amaba!
Eva comenzó a sollozar.
- ¿Y porqué me lo hiciste creer? Si me lo hubieras dicho desde el principio yo lo hubiera comprendido. Pero me hiciste pasar los días más felices de mi vida para después abandonarme. ¿Porqué?
No podía contestar. Sus palabras estaban llenas de razón, además de odio. Su silencio fue largo y expresivo, tan solo roto por la voz de Laura.
- ¡Responde al amo cuando te hable!
Cada vez que escuchaba la voz de su hermana, una extraña fuerza la impelía a obedecerla.
- ¡Para reírme de ti!
Las lágrimas corrían ahora libremente por sus mejillas, mojando su vestido blanco.
- Todas aquellas semanas soñando con tu amor, adorándote, amándote, deseándote,… y tu solo querías reírte de mí.
El brillo del odio en sus ojos pareció disminuir. La razón intentaba volver a su voz.
- Tardé mucho tiempo en olvidarte. Después de perderlo todo, tuve suerte. Intenté controlar mi vida. Encontré trabajo, y comencé a recibir clases nocturnas. Desde entonces, he soñado con el día en que pudiéramos volver a encontrarnos.
Dejó de sobar el cuerpo de Laura y se aproximó a la cama. Acercó la mano a su cara, repleta de lágrimas y la acarició suavemente. Después, con los dedos mojados, acarició su hermoso cabello.
- Deja de llorar. Esa no es forma de enfrentarse a los problemas.
No había fuerza que pudiera hacer que dejara de llorar. Estaba asustada, humillada, perdida, y en sus ojos no dejaba de llover.
- ¡Obedece al amo!
Una vez más, el efecto fue inmediato. Retenidas por una fuerza desconocida, las lágrimas dejaron de brotar.
La voz de su hermana la obligaba a obedecer, pero la de Nacho la llenaba de temor cada vez que la escuchaba.
- Se le ha corrido el rímel. Ayúdala a secarse, Laura.
Sin decir palabra, Laura sacó de su escote un pañuelo de papel y secó las últimas lágrimas. Después intentó remediar el desastre causado en el maquillaje por el llanto de su hermana.
- ¿Porque le ayudas, Laura? Eres mi hermana. Mi propia hermana.
A pesar de no poder llorar, la súplica de Eva fue acompañada por un breve sollozo.
- Porque es mi amo. Su palabra es ley. Mi cuerpo y mi alma le pertenecen. Soy su esclava… como también tú lo serás dentro de poco.
Los ojos de Eva se abrieron con estupor. A pesar de que sus oídos habían escuchado perfectamente las palabras, su cerebro no podía asimilarlo. Miró a Nacho esperando encontrar respuesta a su inexistente pregunta.
- ¿Recuerdas que Laura te ha contado que aprendió a hipnotizar en unas clases de psicología?
Intentando aclarar el inmenso caos existente en su mente durante los últimos minutos, encontró el recuerdo que Nacho mencionaba, aunque sin conseguir conectarlo con lo que le estaba diciendo.
- Adivina quién fue su profesor.
Tardó unos segundos en comprender por donde iba la conversación, pero al final lo consiguió. ¡Nacho había hipnotizado a Laura!
- Te dije que encontré trabajo después de que me abandonaras. Fue como ayudante de un hipnotizador de tres al cuarto. No era muy bueno, pero me enseñó algunos trucos interesantes. Resultó que con las enseñanzas adecuadas, yo era mejor que él. Cuando me matriculé en la escuela nocturna no esperaba encontrarme allí con tu hermana. Ella no guardaba demasiado buen recuerdo de mí y al principio me evitaba y me despreciaba, pero realizando un trabajo sobre la hipnosis, conseguí que nos asignaran al mismo grupo. Al ser el más experto en la materia, todos y cada uno de los estudiantes fueron cayendo bajo mi influencia, incluyéndola a ella.
Mientras Nacho hablaba, Laura estaba detrás de él, pegada a su espalda, restregando su pierna semidesnuda por su cuerpo, y acariciando su torso con ambas manos, intentando guardar el equilibrio. Su rostro no demostraba más emoción que el inmenso deseo de agradarle.
- Al principio fue la que más se resistió, pero con la ayuda del resto del grupo, ya bajo mi influencia, conseguimos convencerla. Resultó ser un sujeto excelente para la hipnosis. En tan solo un par de sesiones se convirtió en mi juguete favorito. La antaño altanera y orgullosa Laura es ahora mi más sumisa esclava. ¿No es así, querida?
- Si amo. Completamente.
La sumisión y devoción existente en la voz de Laura no dejaba lugar a dudas.
- Cuando me comunicó la noticia de tu boda, decidí hacerte una pequeña visita, y con su ayuda, hemos llegado a esta situación. Yo la controlo a ella, y ella te controla a ti, así que el resultado de nuestro pequeño juego solo puede tener un ganador, ¿no opinas lo mismo?
Eva no contestó. Estaba atemorizada, y al mismo tiempo enfadada. A pesar de haber sido hipnotizada seguía teniendo su orgullo, y ser humillada de aquella forma le producía extraños sentimientos de rabia, temor e indefensión. Tan solo tenía ganas de llorar, pero ni siquiera eso podía hacer, porque su hermana se lo había prohibido.
- Laura, quítate el vestido.
Sin dudar un solo instante, cogió el borde inferior del vestido con ambas manos y lo arrastró por encima de su cabeza. Al hacerlo, sus pechos, cubiertos por un excitante e insinuante sujetador negro, a juego con el resto de su lencería, bailaron durante unos segundos al ritmo de sus movimientos.
- Tu hermana ha desarrollado un enorme interés por la lencería sexy – comentó dirigiéndose a Eva – Ya nunca usa ropa interior cómoda y hortera. Desde que nos conocimos, siempre utiliza los más excitante y provocativos conjuntos de lencería. Es una suerte que le pidieras que te acompañara a comprar la ropa para tu boda.
Horrorizada, Eva recordó que al comprar toda la lencería para la boda, ella quería llevar pantys blancos, porque eran muy cómodos, pero Laura la convenció de que llevara medias y liguero. Decía que así excitaría más a su futuro marido.
No era a su marido a quien Laura pretendía excitar.
Esperando las órdenes de Nacho, Laura usaba sus manos para acariciarse por encima del sujetador y las bragas. No se le había permitido aún masturbarse directamente, o quitarse el resto de su ropa, así que jugaba con su cuerpo de la forma más excitante que podía, sin dejar de mirar a los ojos de su “amo”, para comprobar así que todos sus movimientos cumplían su único objetivo de excitarle a él.
La habitación era extremadamente espaciosa. Era una “suite nupcial” y tenia de todo. Nacho se acercó hasta un sillón que había cerca de la cama. Lo arrastró hasta el centro de la habitación, a unos dos metros de la cama, y se sentó cómodamente, preparándose para el espectáculo.
Miró a Laura. Seguía acariciándose por encima de su ropa interior, esperando ansiosa sus órdenes. Después miró a Eva. Estaba sentada sobre la cama, completamente cubierta por el blanco vestido del que se suponía que iba a ser el día más feliz de su vida. La única parte de su cuerpo que podía apreciarse bajo aquella montaña de tela eran sus pies descalzos, cubiertos únicamente por las medias blancas.
- Quítate las bragas – ordenó.
Eva no se movió.
- ¡Obedece al amo, hermanita! – sentenció su hermana.
No podía evitar cumplir la orden de su hermana, pero amparándose en la enormidad de la falda de su vestido, lo hizo de forma que no pudieran ver como lo hacía. Con la íntima prenda en su mano, miró directamente a los ojos de Nacho. Era más que miedo lo que sentía en aquel momento. Era puro odio.
- Tráemelas, Laura.
Con gran celeridad, esperando siempre agradar a su amo, Laura se dirigió hacia su hermana, cogió las bragas de su mano y se las entregó a Nacho. Eran blancas, a juego con el resto del vestido, y suaves, muy suaves. Debían de haber costado un dineral. Las mujeres no suelen escatimar gastos para el día de la boda, pensó Nacho. Era una lástima que una vez casadas no siguieran haciendo lo mismo y siempre se decantaran por las grandes y antiestimulantes bragas de algodón en aras de la comodidad.
- Laura. Tu hermanita está muy seria. Creo que tiene hambre. ¿No crees que deberíamos darle algo de comer?
Eva no comprendió la ironía al principio, pero no ocurrió lo mismo con Laura. El tiempo que había pasado bajo la influencia de Nacho la había convertido en una excelente esclava, capaz de entender las más sutiles insinuaciones y los más profundos deseos de su amo.
- Supongo que tenías pensado que la noche de tu boda ibas a tener ocasión de prácticas nuevas experiencias, hermanita. Ahora vas a poder realizarlas, pero no con la persona que tú creías. ¡Arrodíllate ante el amo!
Sin posibilidad de dudar o de resistirse, pero sin mostrar el más mínimo entusiasmo, Eva siguió las instrucciones al pie de la letra. Se levantó de la cama y se arrodilló ante Nacho. La gran cortina de tela de su falda se expandió a su alrededor formando una mullida alfombra brillante.
Comenzaba a comprender lo que se esperaba de ella. Miró a su hermana. Pensó que tal vez la posibilidad de que otra mujer también tocara el cuerpo de “su amo” podría causarle un sentimiento de celos que podría utilizar para liberarla del control de Nacho. Pero se equivocó. Al contrario de lo que esperaba, Laura no mostraba indicios de celos o de envidia, sino una enorme excitación. Eva seguía sin comprender que su hermana solo existía para el placer de Nacho. Que su propia hermana hiciera el amor con su dueño solo la llenaba de goce y orgullo por haber servido bien a su señor.
- ¿Acaso tengo que decirte lo que tienes que hacer, hermanita?
El sarcasmo en la voz de Laura era evidente. Pero Eva no estaba dispuesta a darles el placer de obedecer. Solo bajo el irresistible influjo hipnótico sería capaz de realizar lo que se le pedía. Muy en su interior, esperaba realmente poder resistir la necesidad de obedecer.
Como si estuviera tocando un objeto de incalculable valor, Laura desabrochó los pantalones de Nacho, dejando al descubierto su enhiesto pene, tremendamente excitado por la situación actual, mientras daba instrucciones a su hermana.
- ¡Escúchame, hermana! Durante todo el tiempo que saliste con Nacho, jamás le dejaste tocar tu cuerpo, ni te dignaste a tocar el suyo. Ahora vamos a remediar aquel pequeño descuido. Vas a practicarle la mejor mamada que jamás hayas podido imaginar. Utilizarás tu boca, tus labios, tu lengua y tu garganta como jamás creíste que fueras capaz de hacer, sin preocuparte en lo más mínimo de tus propios sentimientos ni de tu placer personal. Y cuando consigas hacer salir el jugo de nuestro amo, lo tragarás todo, sin dejar una sola gota caer al suelo ni ensuciar tu virginal vestido de novia. ¿Has entendido?
A pesar de la repugnancia que le causaba la idea de tragar el semen de Nacho, Eva no tuvo más remedio que responder.
- Sí
Y sin poder resistir, tal vez sin intentarlo siquiera, cogió el pene de Nacho con la mano y comenzó a masturbarle. Después de un par de movimientos introdujo el pene en su boca y acarició el glande con la lengua, al tiempo que movía su cabeza arriba y abajo masturbándolo con los labios.
Nacho cerró los ojos. A pesar de estar apenas en el principio de la masturbación, el placer era inmenso. Había estado con Laura docenas de veces desde que la hipnotizó por primera vez. Había hecho el amor con ella de montones de formas distintas. Había disfrutado de su cuerpo como ninguna mujer deja jamás que un hombre disfrute de ella. Pero a pesar de todo, seguía excitándolo. Su presencia en aquella habitación, semidesnuda, no podía dejar de mantenerle continuamente excitado.
Pero tanto o más que la visión del cuerpo de Laura, lo excitaba la subyugación de su hermana. No la tenía directamente bajo su poder, pero controlaba a la persona que la controlaba a ella. El amor que sintió por Eva se había convertido en odio al principio de su abandono, pero después, desde el momento en que hipnotizó a su hermana, el odio fue dejando paso al deseo de venganza. Y la satisfacción de estar cumpliendo su sueño se convirtió en una fuerte excitación sexual.
Por no mencionar la visión de una mujer, en el día de su boda con otro hombre y vestida para la ocasión, arrodillada a sus pies y chupándole el pene, que aquello también era algo capaz de excitar a un muerto.
A pesar de que Eva no era ninguna experta, el trabajo que estaba realizando era magnífico. Las órdenes de Laura habían sido utilizar todas las partes de su boca, incluyendo su garganta, para acrecentar el placer de Nacho, y así lo estaba haciendo. Al principio sintió un presagio de arcadas, pero poco a poco se fue acostumbrando a mover libremente el órgano masculino por el interior de toda su boca y las arcadas fueron sustituidas por frenéticos movimientos con la lengua.
Mirando el rostro de Nacho, Laura era la mujer más feliz del mundo. La enorme mueca de placer y satisfacción que su amo estaba sintiendo repercutía en su cuerpo como si fuera ella misma la que recibía el placer. Sin poder evitarlo y a pesar de que Nacho no le había dado permiso para hacerlo, paso sus dedos por el interior de sus pequeñas y transparentes bragas negras y los introdujo en su vagina, comenzando una masturbación basada exclusivamente en la visión del placer de su amo.
Mientras tanto, con la otra mano acariciaba y pellizcaba sus pezones sin dejar de mirar tanto el rostro de Nacho como su pene, que desaparecía por momentos en el interior de la boca de Eva. Faltaba muy poco para que su amo se corriera, y decidió hacerlo al mismo tiempo que él.
- ¡Basta!
La brusca orden de Nacho la sacó de sus pensamientos y de la proximidad de su orgasmo. Sin pensarlo dos veces, cogió la larga cabellera rubia de su hermana y tiró de ella hacia atrás, provocando un pequeño grito de dolor en Eva. Con una enorme preocupación en su voz, se dirigió a Nacho.
- ¿Que ocurre, amo? ¿Acaso esta zorra ha hecho algo que no te ha gustado? ¿Acaso te ha hecho daño?
Nacho sonrió complacido por el sincero tono de preocupación en la voz de su esclava.
- No. No es nada de eso. Solo que no quiero correrme todavía. La noche es larga y quiero disfrutar de ella.
Ya más tranquilizada, Laura respiró con deseo hacia su dueño.
- ¿Que quieres que hagamos ahora, amo?
- Pienso que un poco de amor lésbico no quedaría mal en la habitación, y de paso tu participarás un poco en el juego. ¿Te apetece?
El brillo en los ojos de Laura alcanzó unos límites insospechados.
- ¡Gracias amo! ¡Gracias!
Y volviéndose hacia su hermana, le ordenó que se tumbara de nuevo sobre la cama.
- ¡Abre las piernas, hermanita! Voy a hacerte gozar como nadie lo ha hecho hasta ahora.
Eva no pudo evitar hacerlo, mientras notaba como Laura levantaba la falda del vestido, dejando toda la parte inferior de su cuerpo al descubierto. Sintió la mirada de Nacho sobre su sexo, no menos ávida que la de su hermana. Durante unos segundos tomó consciencia de los sentimientos que despertaba en ambos.
Tumbada sobre la cama, vestida con un traje de novia, descalza, la falda levantada, con medias blancas y liguero a juego, sin bragas y con las piernas completamente abiertas, mostrando sin pudor, aunque no por su propia voluntad, su mayor intimidad para que un hombre y una mujer, su propia hermana, lo miraran e hicieran con ella lo que quisieran. Si hubiera podido sonreír, de estar en otra situación, lo hubiera hecho, puesto que no podía dejar de pensar que ella misma hubiera podido sentirse excitada de esa visión.
Todavía estaba inmersa en sus pensamientos cuando notó el húmedo calor de una lengua sobre su sexo. Los primeros movimientos le parecieron de tanteo, como si intentaran encontrar un camino entre la no demasiado abundante mata de pelo rubio que cubría su sexo.
Dos días antes de la boda se había entretenido depilando todas las partes de su cuerpo, poniendo especial interés en las zonas más íntimas, esperando que su futuro marido se diera cuenta del buen trabajo que había realizado pensando en él. Ahora era su hermana la que disfrutaba de su previsión. Encontrado ya el camino hacia el interior de su sexo, ayudada por las dos manos a mantener abierto el corredor entre la mata de pelo, la lengua de Laura comenzó su gratificante trabajo.
A pesar de odiar a muerte a Nacho y a su hermana por obligarla a hacer aquello, las continuas caricias sobre su clítoris y sobre las paredes de su vagina comenzaban a excitarla realmente. Intentaba ignorar el placer que le causaban los sabios y expertos movimientos de su hermana, pero no podía evitarlos. Sabía que no era la hipnosis la que causaba aquel reconfortante calorcillo que comenzaba a ascender por todo su cuerpo desde su clítoris. Y eso era precisamente lo que más la molestaba. A pesar de haber sido obligada, hipnotizada, medio raptada y casi violada, sentía placer por todo aquello. Sintió asco hacia sí misma, pero lo ignoró cuando notó la proximidad del orgasmo.
Laura sabía que su hermana estaba disfrutando. Podía oírlo en sus gemidos, notarlo en los movimientos de su cuerpo e intuirlo en sus ojos cerrados como solo una mujer puede hacer. Sabía que Nacho las estaba mirando y que disfrutaría del placer que le estaba provocando a su hermana. Disfrutaría cuando ella se corriera, cuando gimiera de placer y se descompusiera sabiendo que el orgasmo no había sido causa de la hipnosis.
Y disfrutaría aún más por el hecho de que Eva se odiaría a sí misma por hacer disfrutado en aquella situación. Incrementó la fuerza y la velocidad de los movimientos de su lengua sobre el clítoris de su hermana para forzarla a alcanzar el clímax.
Nacho disfrutaba, en efecto, de aquel espectáculo. Había una mujer sobre la cama, vestida de novia y desnuda de cintura para abajo que estaba a punto de llegar al orgasmo, y había otra mujer, vestida con excitante lencería negra que era la que estaba causando su placer. Desde donde él estaba sentado apenas apreciaba más que el hermoso trasero de Laura moviéndose insinuante ante sus ojos.
A pesar de tener puestos los cinco sentidos en dar placer a su hermana, Laura todavía conservaba la imaginación suficiente como para mover su culo excitantemente ante Nacho, sabiendo que como su propio cuerpo le impedía la clara visión del sexo de su hermana debía de poder disfrutar de algo mientras escuchaba los gemidos de Eva.
Y así era, efectivamente. Disfrutando de todo aquel espectáculo, Nacho utilizaba una de sus manos para masturbarse lentamente mientras escuchaba los gemidos de Eva y contemplaba sus piernas cubiertas por las medias blancas, el trasero casi desnudo de Laura y sus hermosas piernas, también cubiertas por la suave oscuridad de las medias.
La explosión del placer de Eva no les llegó de sorpresa a ninguno. Mientras su cuerpo se estremecía una y otra vez, la lengua de Laura no dejaba de entrometerse en aquel orgasmo, intentando prolongarlo lo más posible. La velocidad con que Nacho se estaba masturbando aumentó el ritmo mientras los gemidos de Eva resonaban por la habitación, y esta, intentando reprimirlos, no podía dejar de odiarse a sí misma por estar disfrutando del mejor orgasmo de toda su vida.
Con el rostro orgulloso de su hazaña y cubierto por el orgasmo de su hermana, Laura miró a Nacho, cuyos movimientos sobre su pene habían vuelto a la monotonía del que quiere darse placer aunque sin querer alcanzar todavía el clímax. A pesar de notar pequeñas gotas del orgasmo de su hermana corriendo por su cara, no se los limpió, sabiendo que su visión acrecentaría el placer de su amo.
- ¿Puedo desnudarla ya, amo?
- Si. Quiero verla sin ese vestido de novia.
Dirigió una mirada de triunfó hacia su hermana. Eva no podía llorar porque Laura se lo había prohibido. Sabía lo que iba a hacer a continuación, y a pesar de no querer hacerlo, comenzó a desabrochar los pequeños enganches que mantenían el vestido sujeto.
Ni siquiera esperó la orden de su hermana. Ya no tenía miedo de ellos. Ya apenas les odiaba. Seguía sintiendo temor, pero en esta ocasión era hacia sus propios sentimientos. Quería más. ¡Dios! Había sentido el mejor orgasmo de su vida y quería más.
Sabía que si seguía todas las órdenes podría sentir más, y a pesar del momentáneo asco que sintió hacia sí misma, decidió acallar su conciencia y colaborar en lo posible. De cualquier forma ellos iban a lograr lo que querían. Tal vez, y solo tal vez, si ella colaboraba lograría disfrutar un poco más.
Una vez acabó con los enganches, se levantó. Con la ayuda de Laura, deslizó el vestido por encima de su cabeza y lo tiró al suelo. Todo su cuerpo quedó al descubierto. Su sujetador blanco era semitransparente y muy excitante, a juego con las bragas que ahora reposaban en el regazo de Nacho.
- Colocaros las dos juntas, una al lado de la otra. Quiero comparar vuestros cuerpos.
Complaciendo a su amo, Laura se colocó rápidamente frente a Nacho y junto a Eva. Esta hizo lo mismo, aunque con menos celeridad que su hermana.
- Laura, dame tus bragas.
Sin dejar de mirar el rostro de Nacho, haciendo de cada uno de sus movimientos una clara insinuación, Laura deslizó sus manos sobre sus bragas y las empujó hacia abajo disfrutando de cada segundo. Levantó una pierna y la sacó del agujero de las bragas. Después levantó la otra pierna y repitió la operación. No tuvo prisa en hacerlo en ninguna de las dos ocasiones. Sabía que a Nacho le gustaba ver desvestirse a una mujer y quería convertir cualquier simple acto en un íntimo strip-tease para su placer.
Una vez tuvo las bragas en su mano, se las dio a Nacho. Sin mirarlas, éste las estrujó con su mano un par de veces antes de dejarlas sobre su regazo, junto a las de Eva.
Ahora las dos mujeres estaban igual. Las dos llevaban tan solo el sujetador, las medias y el liguero. El contraste era verdaderamente excitante. Laura era morena, muy morena. Su ropa interior era completamente negra, al igual que el pelo de su pubis.
Por contra, Eva era rubia, aunque sin ser una explosiva rubia platino. Su sujetador era blanco, como el liguero y las medias. Las dos tenían mas o menos la misma estatura, pero Laura tenía los pechos sensiblemente más grandes que Eva. Las piernas eran hermosas en los dos casos, largas y sensuales. Ambas se habían depilado el pubis. Eva para la boda, y Laura lo cuidaba intensamente desde que cayó bajo la influencia de Nacho.
Nacho no dejaba de masturbarse, pero notó un cierto dolor en su órgano con la visión de aquellas dos hermosas mujeres ante él. Dos cuerpos para el pecado dispuestos a cumplir todos sus deseos, todas sus órdenes, todos sus caprichos.
- ¡El sujetador!
Ninguna de las dos dudó en esta ocasión. Ambas movieron rápidamente sus manos hacia sus espaldas para abrir los cierres. Eva fue más rápida. No pretendía excitar a Nacho, sino simplemente seguir su orden. Laura alargó más el momento, cubriendo incluso durante un instante sus pechos con los brazos, mientras se quitaba la prenda. Toda la operación la realizó mirando fijamente los ojos de Nacho, intentando apreciar si sus movimientos le gustaban.
Finalmente Nacho pudo apreciar la sensible diferencia entre los abundantes pechos de Laura y los mas pequeños aunque respingones de Eva. La verdad es que los pechos de Eva no podían considerarse realmente pequeños. Vista ella sola, o comparada con muchas otras mujeres, sus pechos tenían un tamaño normal, incluso un poco grandes, pero comparados con la enorme masa de carne de su hermana quedaban empequeñecidos.
Mientras ambas mujeres se disputaban las miradas de Nacho, este se levantó y comenzó a quitarse la ropa. Comenzó con la camisa, dejando al descubierto su torso, que fue inundado de inmediato por el deseo en la mirada de Laura. Siguió con los pantalones, que ya tenía desabrochados.
Finalmente quedó completamente desnudo. Miró primero a Laura, que le devolvió la mirada ofreciéndole al mismo tiempo su alma. Después miró a Eva. Por primera vez en toda la noche, Eva también le devolvió la mirada, pero en esta ocasión no había temor en ella. Ni siquiera odio. Era una mirada desafiante. El deseo la había introducido en el juego, y quería demostrar que no era menos que Laura, y que ella también era capaz de ofrecer placer.
La firme convicción de su mirada la permitió ganar aquel asalto.
- Eva, sobre la cama, a cuatro patas.
Sin dudar, sin rechistar, sin planteárselo dos veces, Eva dio media vuelta y se colocó en la posición exigida. Laura se tumbó a su lado, con el rostro cerca de su sexo, dispuesta a disfrutar del espectáculo.
Nacho subió encima de la cama y se colocó de rodillas. La visión del excitante trasero de Eva estuvo a punto de producirle un orgasmo, que con todas sus fuerzas se obligó a reprimir.
- Laura, ponte a su lado
La orden fue inmediatamente cumplida por su apasionada esclava. Disputándose un pequeño hueco en la cama junto a su hermana, dispuso su cuerpo junto al suyo, también a cuatro patas, aunque cuando estuvo colocada, bajó al máximo sus brazos y su cabeza, adoptando una posición de mayor sumisión aún si cabía. Aquello casi fue demasiado para Nacho.
Además del hermoso cuerpo de Eva tenía a su disposición a su más sumisa esclava. Laura, que consciente de la enorme excitación que su cuerpo era capaz de ofrecer en aquella postura, intentaba elevar al máximo posible su trasero. También era consciente de que su sexo quedaba totalmente a merced de su amo, puesto que la mayor altitud alcanzada por la parte trasera de su cuerpo otorgaba una excelente visión tanto de su culo como de su pubis. Dispuesta a ganar la batalla por los favores de Nacho, aplicaba a sus movimientos una indecencia que tal vez no conocieran ni las más profesionales entre las prostitutas del mundo.
La mayor experiencia de Laura en el arte de la seducción de su amo hizo que Nacho decidiera cambiar su primera intención de penetrar a Eva en detrimento de su hermana.
Cogiéndola por las caderas, introdujo su excitado órgano en el interior del cuerpo de Laura, que demostró un claro estremecimiento de placer al sentir en sus entrañas el preciado órgano de su amo.
Casi al instante, Laura alcanzó su primer orgasmo de la noche. Desde que Nacho la convirtiera en su esclava, Laura era capaz de alcanzar multitud de orgasmos en pocos minutos. A pesar de estar disfrutando del placer máximo que una mujer es capaz de alcanzar, su cuerpo no dejaba de moverse al ritmo de los movimientos de Nacho, intentando procurarle placer, en detrimento del suyo propio.
Una de las manos de Nacho se deslizó desde su cadera hasta sus pechos, amasándolos y apretujándolos con muy poco interés en que ella disfrutara. Pero el efecto que Laura recibía no era más que placer y más placer. Cualquier contacto de Nacho con sus partes más sensibles la llevaba una y otra vez al clímax. Todavía con los residuos del primer orgasmo en su cerebro, el poco delicado masaje de sus pechos la condujo inevitablemente al segundo. Nacho lo sabía, porque así la había programado durante las interminables sesiones de hipnosis. Sabía que cualquier cosa que él hiciera tendría como resultado el placer de ella, y que dicho placer no hacía más que excitarla cada vez más.
Pero también sabía que su propia potencia sexual era limitada. Casi al borde del orgasmo, extrajo su órgano del cuerpo de Laura sin aviso, produciéndole a su vez el tercer orgasmo y haciendo que se desplomara sobre la cama para disfrutar de él, ya sin la necesidad de reprimir su placer para facilitar el de su amo.
Nacho quería correrse dentro del cuerpo de Eva, y por ello se deslizó sobre la cama para introducir cómodamente su pene por el agujero que su otra esclava también dejaba al descubierto. El interior de la vagina de Eva era más estrecho que el de su hermana, produciéndole un enorme placer tanto a él como a ella, que comenzaba a mover su cuerpo sin demasiadas inhibiciones.
- Muévete, hermanita. Muévete y haz disfrutar a nuestro amo
Si quedaba algún resto de decencia o de dudas en la mente de Eva, las incitantes palabras de su hermana habían acabado con ellos. En respuesta a las órdenes de Laura, su cuerpo comenzó a estremecerse aún con más fuerza mientras sentía los rítmicos embates de Nacho sobre ella.
Inducida por la hipnótica influencia de la voz de Laura, su principal deseo era el de hacer disfrutar a Nacho del encuentro amoroso, pero a pesar de ello, y siempre sin dejar de mover su cuerpo para producir placer más que para recibirlo, sus ansias de recibir más y más placer se estaban cumpliendo sin restricciones.
Jamás hubiera podido creer que hacer el amor con Nacho fuera una experiencia tan maravillosa. Se sentía liberada de todas las ataduras terrestres, de su pasado, de su futuro, e incluso de su propio y recién estrenado marido. Tal vez si hubiera llegado a hacer el amor con Nacho cuando eran novios jamás le hubiera dejado, y jamás hubieran llegado a este momento.
Pero de repente todos sus pensamientos dejaron de tener sentido. Un estremecedor fogonazo de placer inundó su mente justo en el instante en que sintió el fruto del orgasmo de Nacho invadir sus entrañas. Con cada uno de los últimos estertores del clímax de Nacho, su propio cuerpo se vio invadido por un extremo placer no alcanzado jamás anteriormente, ni siguiera por el causado por su hermana pocos minutos antes.
Su conocimiento del mundo del sexo y del placer había sido muy limitado hasta esos momentos. Breves escarceos amorosos con diversos hombres, y algunas pocas ocasiones con su actual marido antes de la boda no la habían preparado para el mundo que Nacho y su hermana le habían hecho descubrir. Se desplomó sin fuerzas sobre la cama, notando como el pene de Nacho resbalaba fuera de su vagina.
Con los ojos entreabiertos, comprobó como aquel mágico músculo se encogía por momentos y alcanzaba una flacidez imposible de adivinar pocos segundos antes. Sin tiempo a que el órgano acabara de volver a su posición habitual, Laura se abalanzó sobre él, y con un enorme cariño solo comparable con el que las madres proporcionan a sus hijos, lo introdujo en su boca para limpiar con su lengua los restos delatores del placer del que pocos segundos antes había sido testigo.
Desnuda, indefensa sobre la cama, Eva comprobó como Laura y Nacho se fundían en un abrazo que poco tenía que ver con el amor convencional. No pudo entender las palabras que él susurró al oído de su hermana. Al cabo de un momento, sintió la fría mirada de Laura sobre sus ojos, y comprobó como sus labios se abrían y cerraban diciendo algo que no llegó a entender, porque la oscuridad invadió su mente y el sueño la venció sin condiciones.
Sus ojos se abrieron lentamente sin comprender del todo lo que ocurría ni donde se encontraba. Su hermana Laura estaba junto a ella, en lo que al parecer era la habitación del hotel. Su recién estrenado esposo también se encontraba allí, y sus padres y algunos de los invitados.
- ¿Ya te encuentras mejor, querida?
La preocupación latente en las palabras de su marido la desconcertaron durante un instante.
- Menos mal que no ha sido nada – esta vez era Laura la que hablaba – Cuando la he visto desplomarse al suelo desmayada creía que me moría del susto.
Aquello era cada vez más confuso.
- ¿Que me ha ocurrido? – pudo decir al fin
- Te has desmayado, querida. Habías venido a la habitación con Laura y por lo visto el cansancio de todo el día ha podido contigo y te has desmayado. Laura ha venido corriendo a buscar ayuda, pero no ha sido nada grave. Gracias a Dios ya te has recuperado.
Confusa, Eva se miró a sí misma. Estaba completamente vestida, a excepción de los zapatos, y tumbada sobre la cama. No recordaba nada desde el momento en que había entrado en la habitación. Sentía un inmenso vació negro en su mente y un penetrante dolor de cabeza cuando intentaba recordar lo ocurrido durante esos momentos. Tenían razón. Probablemente el vacío en su memoria había sido debido a un desmayo. El cansancio de todo el día la había dejado agotada.
- Estoy bien. Dejad de preocuparos y volvamos a la fiesta. Mañana me encontraré perfectamente, cuando haya descansado un poco.
- Tiene razón. Dejadla descansar y que corra un poco el aire por la habitación. Dejad de agobiarla y volved a la fiesta. Ahora mismo bajaremos nosotras.
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La Cena
May 2nd
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Nos habíamos reunido con nuestras parejas, en una noche libre de niños y adolescentes, entre los compañeros de póker.
Nuestro grupo es bastante heterogéneo. Inicialmente (como suele suceder en casi todos los casos que conozco) el grupo inicial estaba formado por nuestras novias de la universidad y del colegio. Con el tiempo, los hombres nos fuimos haciendo amigos también y conformamos un grupo heterogéneo.
Como somos algo gamberros, solemos juntarnos a tomar algunos tragos, ver fútbol y por supuesto, jugar póker con una buena dosis de tabaco y cerveza. Allí disfrutamos sin fastidiar demasiado a nuestras esposas.
La noche iba tranquila, como pasa cuando llevamos a nuestras mujeres. Para ellas es incómodo cuando alborotamos el ambiente o hablamos demasiado alto. En fin… era una noche tranquila.
Habíamos terminado de cenar y ahora disfrutábamos de una charla de sobremesa. Como la conversación había derivado lentamente a temas cada vez más candentes, en cierta medida todos estábamos algo cachondos. Para atormentar algo a nuestras chicas, los hombres hablábamos de algunas películas eróticas que habíamos visto y gesticulábamos en broma para hacerlas avergonzar un poco.
Todos reíamos de buena gana con los comentarios y ahora las damas se habían animado a intervenir en las conversaciones y comentarios de escenas subidas de tono.
Cuando nos estábamos calmando un poco, comenté al grupo que seguramente esta noche los hombres tomaríamos la iniciativa, a lo que todos de un modo u otro contestaron con risas cómplices.
Mis ojos se cruzaron con Elena, esposa de Marcos. Estaba riendo cuando le observé, pero noté que su mirar era algo extraño o mejor dicho, me veía de un modo inclasificable para mí. Su expresión mostraba algo de picardía, claro está, pero su mentón había descendido y mientras su pareja hablaba con su vecino de la derecha, ella me observaba directamente a los ojos con una sonrisa insinuante. Su pie se deslizó por debajo de la mesa acariciando mi pantorrilla. Algo de extrañeza debía de reflejar mi rostro porque cuando le miré terminó con un guiño y una carcajada.
Lo tomé como una broma del momento, sin pensar demasiado en ello. Al rato, Elena se dirigió al tocador y sin que ninguno del grupo lo advirtiera, me guiñó rápidamente un ojo. Después de un par de minutos, recibí un mensaje de texto de Elena que decía simplemente:
- “¿Que te gustaría de postre? jajaja…”
Siguiendo el tono de broma, respondí:
- “Algo dulce y sabroso para mi lengua…¿que podría ser?”
En ningún momento pensé que respondería de este modo
- “¿Esto te parece apetecible?” Una foto de su entrepierna en la que se veían unas bragas negras con encaje bordado y sus muslos muy juntos.
Casi me atraganto con la bebida que estaba tomando. Me apresuré a esconder el mensaje a mi mujer ante su pregunta de quién me estaba conectando. Rápidamente respondí que era un cliente y excusándome por unos minutos, le respondí que iría a hacer una llamada.
Fui al baño y me encerré en una cabina en busca de algo de privacidad. No quería hacer absolutamente nada, simplemente quería algo de privacidad y estar lejos de miradas indiscretas. Respondí rápidamente:
-”Huau… ese postre sí que lo comería todas las noches” Agregué una carita guiñando un ojo
Elena siguió respondiendo:
-”Pues aprovecha, cariño, porque últimamente no está en uso”
Yo sabía indirectamente que su pareja estaba atravesando por momentos sexuales “difíciles” por sus comentarios cuando nos reuníamos los hombres para jugar póker. Marcos, solía comentar en tono de broma sobre la falta de erección de los hombres de su edad, por lo que la sensación entre nosotros era que de verdad tenía problemas desde hace tiempo. Como hacemos generalmente los hombres, no lo habíamos confirmado. Tú sabes bien cómo somos los hombres. No preguntamos ni opinamos a menos que se nos pida.
Elena nunca me ha sido ambigua. Es una tía atractiva y si estaba dispuesta a divertirse un poco, yo no perdería el tiempo pensando demasiado. Si ella sufría por no tener sexo, en esa época yo sufría por tenerlo sólo en contadas ocasiones por imposición de mi mujer. Más bien cansado de rogar por atención sexual, no dejaría pasar la ocasión que se me presentaba.
En el baño del restaurant y sin ningún asomo de remordimiento, me bajé los pantalones y con el celular me saqué una foto con el pene erecto, insinuándose a través de la tela de un bóxer negro. Se la envié diciendo.
- “Para que veas el efecto que provocas en los tíos”
Respondió:
- “Gracias, guapo. Ahora me vuelvo a la mesa, porque me he ausentado demasiado” Con el mensaje llegó una foto de Elena sentada en el baño. Sonreía a la cámara y se veían sus piernas desnudas, con los muslos apretados ocultando su sexo. Una pequeña mata de pelo recortado se insinuaba en el monte de venus.
Atesoré esa foto como el regalo más preciado (aún la tengo, ¿sabes?). La conversación no daba espacio a seguir. Su respuesta me llevó a volver también a la mesa y ver cómo fluía la cosa.
Llegamos casi al mismo tiempo.
Elena estaba sentada justo frente a mí. No pasó mucho tiempo cuando sentí nuevamente sus pies desnudos acariciarme la pierna, mientras se deslizaban por debajo del pantalón. Sólo podíamos intercambiar algunas miradas y algunas sonrisas, pero la situación era demasiado arriesgada para algo más.
No intenté absolutamente nada por el resto de la noche.
A media mañana del día siguiente, estaba yo concentrado en el trabajo cuando recibí otro mensaje en él se adjuntaba una foto que sólo mostraba la boca insinuantemente entreabierta de Elena.
- “¿ Tienes tiempo para vernos, guapo ?”
- “Para ti, siempre ¿quieres tomar un café o algo más?” Retomé las insinuaciones de la noche anterior
- “Prefiero algo más”, respondió con una imagen en primer plano de su pezón.
Completamente excitado, salí al balcón de la oficina y le llamé directamente para quedar en juntarnos en el interior de una tienda de la ciudad. Si nos veían, ambos tendríamos una excusa sencilla para salvar la situación.
Cerca del mediodía nos encontramos en la tienda de departamentos y con mi auto le llevé a un motel discreto dentro de la ciudad, pero de muy buen nivel.
Discretamente y con el fin de que no le vieran, le di la llave para que se adelantara mientras terminaba de llenar el libro y pagar la habitación. Prefería pagar el día completo para no tener que pensar en el fin del turno ni estar pendiente del reloj.
Cuando subí, la puerta estaba entreabierta y Elena sentada sobre la cama. Me acerqué permaneciendo de pie a su lado.
Observaba su voluptuoso cuerpo detenidamente. Tenía una falda violeta que le ajustaba marcando sus caderas. Sus hermosas piernas se veían torneadas y deliciosas. Estaban calzadas en unas medias negras. La falda corta, terminaba un poco por encima de las rodillas. Sus pies vestían unos zapatos negros de tacos que delineados con un par de cintillas que permitían apreciar la delicada forma de sus pies. Tenía una blusa multicolor exquisita, que dejaba insinuar la curva de sus pechos. Se ajustaba a su cintura gracias a un pañuelo anudado hacia su izquierda. La melena pelirroja lacia corría a los costados de su rostro, dejando entrever un collar y unos aros con piedras rosadas.
El deseo casi me devora por completo ante su proximidad. Abrí el pantalón y corriendo hacia abajo el bóxer, dejé salir mi pene, colocándolo muy cerca de su cara. Al principio pareció algo sorprendida por mi gesto y se quedó mirándola con una expresión incrédula. Yo no tenía ganas de ser muy tierno. Todavía creo que no esperaba que yo reaccionara de esa manera. Quizá estaba acostumbrada a algo de dulzura previa, pero mi ánimo no estaba para preludios románticos. No por lo menos ese día ni en ese lugar. Noté algo de duda en su rostro, pero después de cierta vacilación, miró mi polla.
En esos momentos, yo contraía mis músculos perineales y con el movimiento oscilante de la polla hacia arriba y abajo, unas grandes gotas de líquido transparente asomaban en la cabezota. Estaba muy cerca de su cara.
Yo le acariciaba la cara con mi mano derecha, entrelazando sus cabellos entre mis dedos. Le pasé la polla por labios, dejando que el jugoso líquido que salía de ella, le empapara la piel rosada. Una mancha de labial quedó en el prepucio.
Cerró los ojos y comenzó a besarme el miembro para luego abrir un poco la boca, sacar la lengua y lamerme lentamente. Con sus manos bajó más mi ropa interior y sacando su lengua por completo, lamió mis testículos empapándolos de saliva mientras con su mano estrujaba mis bolas.
Yo sentía las piernas desfallecer, aflojando mis músculos. Después de unos momentos mágicos, Elena dejó de lamerme y poniéndose de pie junto a mí, me dio un profundo beso de lengua mientras levantaba su falda para acomodar mi pene entre sus piernas. Sentí en mi piel el contacto de su sexo a través de la fina tela de sus medias y pude notar cómo le mojaba.
Había mucha saliva mientras apretábamos nuestros cuerpos. Yo le tenía de la cintura. Mientras su lengua se movía en mi boca, sus manos me apretaban el culo.
Empezamos a jadear. Mientras me besaba, una de sus manos comenzó a masturbarme. Con el dedo medio y anular de mi mano derecha, busqué su sexo para estimular el clítoris. Después de un rato de estimulación, nos terminamos de desnudar. Elena es regordeta, pero tiene un cuerpo maravilloso. Actuó rápidamente.
Llevó mi mano derecha a su coño para que le metiera los dedos y le acariciara mientras mi cuerpo yacía boca arriba. Buscó mi pene con su boca para succionarlo y sacarlo mientras me pasaba la lengua por el prepucio, haciéndome gozar lentamente. En un momento de reacción, con sus dientes me apretó el glande como si quisiera morderme, pero reforzando con sus dientes la estimulación del glande. Con mis manos, tomé su cabeza y le hice tragar todo el largo de mi polla.
Elena tomó mis huevos entre sus manos y los movimientos de vaivén se hicieron intensos y profundos. Las embestidas contra su boca provocaban toda clase de jadeos. Tomé una de sus piernas y la crucé a mi otro costado para completar un sesenta y nueve. Acomodé su vagina para que me la fregara por toda mi cara mientras con mi lengua y labios lamía su coño por completo. Con la punta de la lengua me detenía en su clítoris, apretándolo fuertemente y seguía el trono del mismo en toda su extensión.
Sus líquidos vaginales me corrían por la boca y me apresuraba a tragarlos para notar el sabor dulzón de ese líquido espeso y caliente que tanto me agrada saborear. En medio del movimiento un pequeño tapón de mucus salió por su agujero y me apresuré a tragarlo con deleite.
Continué con la estimulación por un rato mientras Elena me empapaba toda la cara con su coño. Sentí como su cuerpo se estremeció durante un orgasmo y una catarata de líquido vaginal me llenó la boca por completo. Con deleite tragué el líquido que venía de su interior. No quería detenerme porque quería gozar de su cuerpo lo más posible. Retuve la leche que pugnaba por salir de mi polla para seguir un rato más.
Elena se relajó por un momento y se recostó boca arriba. Su cuerpo transpiraba copiosamente y el suave olor del sudor llegó hasta mí inundándome por completo los pulmones. Una punzada de deseo impulsó mi erección nuevamente. Me recliné sobre su cuerpo y sin ningún tapujo lamí las gotas de sudor que empapaban sus pechos. El sabor salado del sudor de esa hembra me provocó un aumento de la erección. Mi lengua siguió recorriendo su tórax y terminé llenando de saliva todo su cuello. Cuando llegué a su boca estaba abierta de par en par, esperándome. Mientras le besaba, abrí sus piernas y acomodé mi cuerpo enfrentando mi pene a su vagina.
Tomé mi polla con mi mano derecha y guié el glande hasta la entrada de la vagina, Inserté la cabeza y con mi mano presionaba arriba y abajo mientras entraba y salía. Elena se estremecía con cada penetración y podía sentir cómo contraía su periné cuando iniciaba la penetración para sentir más intensamente mis embestidas. Cuando entraba, mi mano presionaba al pene hacia arriba, para buscar su punto g y así hacerle más satisfactoria la tremenda fornicación que llevábamos adelante.
Su cuerpo se puso de costado y nos pusimos en forma de tijeras. Le embestía salvajemente hasta el fondo de mi tronco. Podía sentir en su interior el extremo de la vagina al embestirla una y otra vez. Ella estaba de costado mirando a mi derecha. Una de mis piernas estaba en su espalda, la otra presionaba su abdomen. Mi mano derecha acariciaba la aterciopelada piel de su barriga mientras la izquierda se metía por la raja de su culo buscando estimular el ano, que se relajaba cuando mi dedo medio llegaba a él. Saqué mi mano bruscamente y mojé con saliva el dedo para penetrarle con él por completo.
Elena se retorcía de placer con mi polla penetrando su vagina por completo y con el dedo medio de mi mano izquierda en su culo, que había introducido en toda la extensión. Gemíamos al unísono al ritmo de nuestros movimientos. Ambos nos movíamos en esa danza febril de placer extremo que estábamos experimentando. Los dos teníamos necesidades insatisfechas desde hacía tiempo y ahora dábamos rienda suelta a nuestros deseos contenidos.
Después de un largo batallar por contenerme, finalmente Elena se vino por segunda vez mientras me estrujaba el brazo derecho y gritaba con una mezcla de placer y dolor. Un borbotón de semen fue derramado en su vagina. Tanto era el morbo del encuentro que no le había preguntado si quería follar con condón ni ella me había dicho nada. No me importó. De cierto modo, en esa follada el amor que le tenía se vio multiplicado por el placer de sentirla llena de mi leche. Después de varios estremecimientos mutuos, prácticamente mi polla había sido ordeñada por las contracciones de su interior.
Retiré la polla con un movimiento brusco. Puse su cuerpo en cuatro y abriendo sus nalgas comencé a chuparle el culo. Elena contraía y relajaba el agujero. Lejos de relajarme, tanta era mi calentura que mi erección continuaba y después de un par de minutos ya estaba listo otra vez. Acomodé mi cuerpo para penetrarle y le pregunté:
- “Voy a darte otra vez. ¿Por dónde lo quieres? ¿Por la vagina o por el culo?”
- “¡Dame por el culo!” Respondió con un suspiro.
La verdad es que mi esposa jamás pudo calentarme como Elena lo hizo esa y otras muchas noches más. Después de haberle visto y chupado el ano, me había dado cuenta que ella nunca había sido desvirgada por atrás. Mi polla es muy cabezona y tenía miedo de hacerle daño, así es que asomaba apenas la cabeza en su agujero en un movimiento de vaivén. Eso terminó de impacientarla. Mi hembra quería mi pene dentro de su culo lo más rápidamente posible. Con una de sus manos, que estaba llena de saliva, tomó la cabeza y la ensalivó por completo. Le abrí las nalgas lo más que pude y ella misma guió mi polla a su agujero, relajándolo y abriéndolo todo lo posible. Introdujo mi glande dentro de él y dijo:
- “¡ Métela de una vez!”
Le embestí brutalmente mientras se quejaba de dolor. Después de apenas un instante gritó:
- “Siiii ¡dale!”
Y sin mediar palabra empecé el bombeo intenso. Había sido una embestida brutal. Tenía toda la polla en su interior y movía mi cadera en varias direcciones. El glande y el prepucio sentían la piel suave de su culo, estimulándome continuamente. Con cada embestida contraía el ano. Tomó mi mano derecha y llevó dos dedos a su coño. Elena quería una doble penetración. Le metí toda la extensión de esos dos dedos en su vagina, mientras los movía de un lado al otro y al mismo tiempo entraban y salían de su coño.
Continuamos con los movimientos por varios minutos. Yo tenía que contenerme porque estaba hirviendo de deseos. Estaba empezando a cansarme, pero así y todo, la erección era completa. Había crecido tanto el tamaño de mi polla, que a cabeza empezaba a dolerme un poco con tanta estimulación. Esa mezcla de dolor y placer que sientes en los momentos de más intensidad.
Cuando sentí que Elena se vino por tercera vez, Dejé correr la leche dentro de su culo. Por su reacción, ella sintió el chorro caliente en su interior. Mientras gemía como una poseída, tomo hacia atrás mis caderas y me atrajo para que le penetrara por completo en el culo. Para estar recién desvirgada, su ano tenía una elasticidad formidable en ese momento. Todavía sigo gozando de ese culo.
Al retirar el pene, me dejé caer boca arriba en la cama. Elena se acercó hacia mi cara y comenzó a lamerme cual si una perra fuera. A decir verdad fue una follada muy animal.
Después de mirar el reloj, me di cuenta que aún teníamos tiempo de ir a almorzar.
Eran las 12:49.
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Mitos y rumores FALSOS sobre la VIRGINIDAD
Apr 21st
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En cuestión de sexo hay ciertas cosas que suelen no ser muy claras, sobre todo cuando se trata de lo que define exactamente la virginidad. A eso si le añadimos que hay varios mitos que rodean este hecho vuelve más confusa esta definición. Aqui les decimos cuales son los más comunes de estos mitos y rumores que rodean a la virginidad:
UN HIMEN INTACTO PRUEBA QUE ERES VIRGEN
El himen puede romperse por una infinidad de razones que no envuelven ningún tipo de actividad sexual. Hay muchas chicas que no tienen un himen intacto, pero sin embargo siguen siendo vírgenes.
TIENE QUE HABER SANGRADO EN TU PRIMERA VEZ PARA PROBAR QUE ERES VIRGEN
Mientras que es muy normal tener algo de sangrado cuando tienes tu primera relación sexual, también lo es si no sucede. De nuevo, como el himen pudo haberse roto antes de tener sexo por un sinnúmero de razones puede que no tengas sangrado en tu primera vez, pero eso no significa que no eras virgen.
USAR UN TAMPÓN SIGNIFICA QUE NO ERES VIRGEN
Puede sonar muy ridículo pero hay quienes piensan que al usar un tampón te quita la virginidad. Pero el usar este utensilio higiénico tiene poco que ver con ser o no ser virgen.
MASTURBARTE PUEDE CAUSAR QUE PIERDAS TU VIRGINIDAD
Mientras que al masturbarte puedes estirar tu himen, el que lo hagas no significa que hayas perdido tu virginidad, ya que en cuestión de la definición más aceptada alguien virgen es quien no ha tenido relaciones secuales con otra persona, asi que masturbarte no te quita lo virgen.
TENER RELACIONES CON OTRA CHICA NO TE QUITA LO VIRGEN
Pensar que el no tener relaciones sexuales con un hombre evita que pierdas la virginidad es también la otra cara de la moneda, ya que como mencionamos anteriormente el ser virgen envuelve el no haber tenido relaciones sexuales con alguien más, por lo que tener sexo con otra chica puede hacerlas perder la virginidad a ambas.
TENER SEXO CON ALGUIEN VIRGEN PUEDE CURAR ENFERMEDADES
Por supuesto nos referimos a enfermedades venéreas. Y si, hay por ahí algunas personas que tienen esta creencia de que si tienen relaciones con una chica virgen se curaran del SIDA/VIH. Afortunadamente también hay bastante gente que toma parte de su tiempo a educar a la sociedad y este tipo de gente sobre los verdaderos hecho que rodean al SIDA/VIH.
SER VIRGEN ES RARO/SER VIRGEN TE VUELVE MEJOR QUE LOS QUE NO LO SON
Siempre tienes la decisión de cuándo perder tu virginidad, y no te vuelve rara por ningún motivo. Aunque también mantener tu virginidad no te vuelve una mejor persona que aquellas chicas que han dejado de ser vírgenes. ya que ellas han tomado su propia decisión. Básicamente el que seas virgen o no es algo que merezca una mención, pues no es realmente lo que te define como persona.
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Nuestro Primer TRIO
Apr 19th
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Somos una pareja, como muchas otras, al principio vivíamos nuestro amor y nuestra relación en forma intensa, pero poco a poco nos dimos cuenta que empezamos a llegar a la rutina, así que decidimos por el bien de la relación hacer un giro de 360 grados, así que esta es nuestra historia.
Llevo 7 años con mi mujer y el sexo para nuestra relación es fundamental, lo hacemos y muy bien, hemos tenido nuestras altas y bajas en el sexo, como cualquier otra pareja, pero sin embargo mi mujer es muy especial y he notado que año a año su deseo sexual se ha ido incrementando y su técnica mejorando, tan es así que hay veces en las cuales me saca la leche muy rápido y ella se queda insatisfecha como es natural y me pide más, pero no puedo satisfacerla, lo entiende, pero sin embargo siempre me dice que quisiera tener un plan B, o sea, buscarse otro tipo, que se la tire cuando yo no pueda o este cansado, algo que no le acepte, sin embargo siempre me insistía, medio en broma medio en serio, a lo que yo le respondía que mejor hagamos un trio, algo que ella me decía que mejor no, pues me podía poner celoso, y se sentiría incomoda, así discurría nuestra vida sexual sin ningún problema, siempre tratando y logrando satisfacerla, hasta que un día, como casi siempre en los fines de semana, nos fuimos a una disco a bailar y a tomar, es normal que la miren y la deseen a mi mujer, delgada, buena figura, me preocupe de que tenga buena ropa, lo cual no me llamaba la atención, sin embargo esta vez fue diferente, ella estaba bien tomada, como se diría alegrona, a ciencia cierta no se emborracha, tiene mucho control, y es normal que otros tipos la observen con lujuria, uno de ellos la estuvo observando durante casi toda la noche, en una de esas ella me dice; me voy al baño, la cola para entrar al baño es larga, como en muchas discotecas, así que fue la oportunidad que esperaba este tipo, ella en la cola del baño y el tipo que se para a su lado y le empieza a conversar, (ella lo reconoce en el acto, pues la había estado mirando) palabras van, palabras vienen y la convence de bailar una pieza, pero ella le dice déjame que entre al baño salgo y bailamos, en el baño ella se toca la concha y la siente muy mojada, síntoma que estaba excitada, sale del baño y el tipo la esperaba, se ponen a bailar un perreo, y ustedes saben los tipos de movimientos y cercanías que hay en ese baile, bueno pues, el tipo como es obvio en el baile estaba detrás y aprovecho en uno de esos pasos de la canción para sobarle su verga (que estaba totalmente al palo), en el culo de mi mujer, a lo que ella le correspondía y empujaba hacia atrás como pidiendo más, (en realidad quería que se la metiera) y estuvieron así, hasta que termino la canción, fue cuando el tipo le dijo, quiero metértelo toda mamita, a lo que mi mujer le dijo, está bien, yo también quiero, espera un momento ya vengo, y se fue a mi lugar y me dijo, mi amor, se va a cumplir tu sueño, se va hacer realidad me dice, a que te refieres le digo, haciéndome el sonso, pues algo intuía, por la demora que tuvo en el baño, aunque desde mi posición no podría haber visto nada, me dijo hay un tipo que me quiere tirar, y pensé que podríamos hacer un trio, me comento, y yo le dije, estas segura?, eso es lo que quieres? (entre mi decía, que diga que si!) si quiero hacerlo me dijo, (esto es el equivalente del ahora o nunca!) el tipo me gusta y se siente que es un pingon, porque lo dices le dije, he sentido su pinga, ya veraz que estoy en lo cierto, acepte de buena gana y lo fue a buscar, le dijo ok vamos pero estoy con mi marido y queremos hacer un trio, el tipo pensó y dijo, bueno que más da, igual me la voy a tirar rico, así que también acepto, salimos de la disco, nos fuimos a la habitación del hotel que disponíamos, pues cada vez que salimos de fiesta nos quedamos en un hotel, nos parece más romántico eso, entramos a la habitación, yo me fui al baño cuando regreso casi no podía creer lo que veía,(nunca pensé ver a mi mujer de esa manera, tan dispuesta) mi mujer sentada al filo de la cama, con su vestido animal print ceñido que se le veía toda la conchita (eso si, ella no usa ropa interior, “pues se marca en el vestido”) y el tipo parado con el pantalón abajo, agarrándose la verga, mientras ella le miraba su verga con una cara de placer y tenía los ojos que le brillaban, él se empezó a poner el preservativo ella se echó para atrás abrió y recogió las piernas, esperando la estocada de la gran verga que tenía, en eso si estaba en la razón mi mujer, el tipo la tenía grande, y empezó a embestirla con una fuerza, con una rabia, eso ya no parecía un trio, yo era un simple espectador, mientras esos dos se tiraban a gusto, a cada estocada que le daba el tipo, mi mujer respondía con un movimiento acompasado, y con unos gemidos cada vez más fuertes, dado que mi mujer tiene un cuerpo delgado y lo tiene muy cuidado, no es de esas gordas panzonas o gruesitas, en la cama se mueve bien, el tipo le da vuelta y se la comienza a tirar de perrito, una pose irresistible para mi mujer, yo me acerque por la cama para que chupe mi verga que estaba recontra parada, pero ella ni caso me hizo, estaba tan ensimismada con lo que le estaban haciendo, y pegaba unos gritos, hasta que poco a poco se fueron calmando, pues el tipo y mi mujer se vinieron casi en simultaneo, el tipo saco su verga, con el preservativo lleno de leche, y mi mujer me dijo, ahora si amorcito te toca a ti, es que quería sacarme el gusto, me dijo, yo empecé por donde había terminado el otro, por el perrito, mi mujer tenía la concha tan lubricada que entre directo hasta el fondo, el tipo se estaba lavando en el baño, regreso y se puso frente suyo, mi mujer empezó a chuparle la verga, mientras yo la tiraba con todas las ganas, le agarraba sus nalgas y le hacia el movimiento hacia adentro y afuera, mientras ella se movía, hasta que por fin me vine dentro de ella, mi mujer con la verga del tipo en la boca, ya le estaba sacando el líquido pre-seminal, saque mi verga y me quede exhausto mientras mi mujer se volteo y se echó boca arriba, el tipo se pone otro condón y la agarra le levanta las piernas y le hace un piernas al hombro, de nuevo tirando como un par de animales, el tipo le daba unas estocadas cada vez mas fuertes, la cama se movía, ella gritaba de desesperación y con sus manos agarraba las sabanas estrujándolas, se demoraron un buen rato, antes de terminar nunca pensé que mi mujer tuviera un comportamiento tan liberal, luego de acabar ella se tendió en la cama y empezamos a descansar unos minutos, se podía escuchar los latidos de los corazones y el jadeo, así como el sudor, el tipo dijo me voy a bañar, me acompañas le dijo a mi mujer?, ella no dijo nada, más bien se trepo encima mío y me empezó a cabalgar, como solo ella sabe hacerlo, yo ya estaba totalmente rendido mientras ella se movía como una licuadora, el tipo sale del baño, se para a un lado de la cama y mi mujer le empieza a correr la paja al otro tipo, que ya casi no se le paraba la verga pues a estas alturas estaba extenuado, luego de cabalgarme y terminar ambos, nos acostamos y quedamos rendidos.
Al final nunca supe cómo se llamaba el tipo, pero si supe que mi mujer descubrió otro mundo con las experiencias de tríos, y me dijo, ya vez mi amor, así me gusta ser tirada.
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MI SEÑORA Y EL DOCTOR
Mar 27th
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Mi esposa Estela, trabaja como enfermera en el turno noche del hospital de la ciudad, hace dos años que estamos casados, pero últimamente nuestra relación anda mal y no se por que, la veo distraída, nuestras relaciones sexuales no funcionan.
Ante toda esta situación decidí investigar, si es que ella tenia un amante, así que ayer, la seguí hasta el hospital, este es un edifico muy viejo, hay un sector trasero que esta casi abandonado, por ese lugar entre yo al hospital, rápidamente estaba en una de las salas conversando con uno de los pacientes, este me contó que en el turno noche había un medico al cual llamaban el ??Doctor burroâ? yo pensé que era por que no sabia nada de medicina, pero no hubo tiempo de aclaraciones, salí urgentemente de la sala por que sentía pasos en el pasillo central, no quería que nadie del personal me viera ahí, así que corrí a ocultarme, en los fondos del viejo hospital, primero entre en una habitación llena de colchones que en algunos sectores de la pieza formaban como una pequeña montaña de cincuenta centímetros de altura, en la habitación de al lado todo estaba vació y oscuro, ambas habitaciones estaban separadas por una vieja puerta, la cual tenia un orificio de mas o menos de 15 cm de ancho y unos veinte de largo, justo en su parte media, la habitación de los colchones estaba levemente iluminada por la luz de la calle que entraba en la habitación por una minúscula ventana opaca ubicada cerca del techo, de pronto sentí ruidos, eran personas que venían riéndose en esa dirección, yo me oculte en la habitación que estaba al lado de la habitación de los colchones, desde el orificio que había en la puerta, me dedique a espiar quienes eran los que habían entrado en la pieza de los colchones, de pronto distinguí que eran dos enfermeras con sus uniformes, y un Doctor, al principio no hacían nada solo conversaban, allí distinguí la voz de mi esposa, la otra enfermera era su amiga intima Andrea, de pronto ante mi asombro vi como las dos mujeres procedían a sacarse sus respectivas faldas, para quedar solo en bombacha, la de mi esposa era de color blanco, la de su amiga era de color, creo que negra, la poca luz hacia difícil la identificación, acto seguido vi que el Doctor se desnudaba por completo ante ellas, primero ordeno a mi esposa Estela que se sacara la bombacha, ella como hipnotizada obedeció de inmediato, inclusive sus tetas estaban ya desnudas, el doctor la empujo sobre la pequeña montaña de colchones, ella cayo boca abajo, con sus dos pierna abierta por detrás, el Doctor se acerco, le abrió los glúteos con ambas manos y empezó a penetrarla analmente, sentí que mi esposa Estela gozaba con esa pija, podía sentir que sus dientes mordían desesperadamente el colchón, dos minutos después pude ver que el Doctor sacaba su pija del culo de mi mujer y en una fracción de segundos pude apreciar que su miembro era largo y tremendamente grueso, esa era la razón por la cual lo llamaban â??Doctor burroâ?.
Mientras Estela descansaba, el doctor le ordeno a Andrea que se sacara la bombacha y que se recostara sobre otra pila de colchones, ella recostó su cuerpo y abrió sus piernas para ofrecer su concha, la cual fue penetrada de inmediato ante intensos gemidos de dolor y placer, fue montada varias veces, finalmente el Doctor volcó su leche en las tetas de Andrea, mientras ella se daba un baño de leche, el Doctor agarro de los cabellos a mi esposa, la hizo arrodillar ante el y sacudiendo su grueso pene lo coloco dentro de la boca de Estela, ella lo mamaba con pasión furiosa, incluso de a momentos le chupaba los testículos para luego volver a introducir en su boca la pija del Doctor, finalmente este soltó su semen en la boca de Estela, ella no quería perder ni una gota y vi como lamía desesperadamente la pija en todas las direcciones.
Acto seguido el doctor agarro de los cabellos a Andrea y la puso boca abajo, la puso de cuatro patas y empezó a culearla, para Andrea era un sufrimiento terrible, se podía sentir que estaba llorando, pero esto no detuvo al Doctor el cual se acomodo mejor e incremento la fuerza de la penetración anal, Andrea suplicaba que el Doctor dejara de culearla, pero su pedido fue completamente ignorado, el Doctor había tomado la decisión de que el culo de Andrea se tenia que acostumbrar a su pija, el la monto analmente durante casi 25 minutos seguidos, finalmente Andrea ya no lloraba, sino que gemía de placer y pedía que la pija se quede a vivir para siempre en su culo, el doctor volcó toda su leche en el ano de la amiga de mi mujer.
Cuando todo parecía que había terminado, y las dos enfermeras se aprestaban a ponerse su ropa, el Doctor se acerco a Estela, la apoyo contra la pared e introdujo su pene en la concha de mi esposa, la sometió de parada, Estela le rogaba que se la pusiera mas adentro y el Doctor obedeció, en medio de alaridos de gozo los dos llegaron al orgasmo al mismo tiempo, el Doctor finalmente las hizo mamar a las dos al mismo tiempo, un rato chupaba Andrea otro rato lo hacia Estela, en el éxtasis final el Doctor agarro su pija con su mano derecha y masajeo las caras de las dos mujeres y termino eyaculando en la boca de las dos, y entre las dos con sus respectivas lenguas terminaron de limpiar el gran pene del Doctor.
Acto seguido todos se cambiaron de ropa, Estela y Andrea intercambiaron bombachas, se acomodaron los uniformes y se retiraron del lugar los tres, yo quede petrificado por todo lo que vi esa noche y además tenia recontra mojado mis pantalones, salí del hospital con la decisión de separarme de mi mujer, ya que yo jamás podré competir con el â??Doctor Burroâ?.
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Los sueños calientes de Sandra
Mar 14th
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Estaba deseando estar a solas con él. La mujer de pechos turgentes observaba a ese macho moreno y delgado, con barba de pocos días y torso imponente. Había soñado muchas noches con ese momento, en la intimidad de su habitación de Jersey mientras se tocaba lascivamente su sexo.
Él se aproximó a ella suavemente y la abrazó por la cintura con firmeza mientras introducía su lengua en la boca ardiente de la joven de pelo rizo.
Los besos se sucedieron con frenesí mientras el rudo joven apretaba los pechos de la dama contra los de él y deslizaba una mano hacia el interior de su faldita de colegiala. Los dedos fueron abriéndose paso por los rizos castaños de su pubis hasta alcanzar la vulva. Estaba húmeda y caliente, hinchada, repleta de deseo.
Se inclinó el muchacho y de un solo tirón arrancó los botones de la delicada camisa y le dejó las tetas al descubierto. Se apresuró a lemarlas y a perderse entre los grandes senos de la muchacha mientras ésta gemía de placer.
Ella liberó la erección de ese miembro viril, y se lo chupó con ansia. La lengua de la mujer acarició con delicadeza el glande rosado de ese pene erecto y vigoroso, fuerte como un roble, furioso como un puma.
Entoces él agarró con fuerza a su amada y la arriconó contrá la pared penetrándola por atras con fuerza. Dos lágrimas de placer resbalaron por su dulce rostro mientras notaba el roce de una buena verga entre sus muslos. Ella enloqueció de gusto, le temblaron las piernas y mientras salía de su garganta un grito entrecortado producto de un fuerte cosquilleo que le subía desde el clítoris hasta el paladar. Un orgasmo atravesó le atravesó la vagina mientras su coño húmedo se llenaba de semen expulsado a presión, denso y caliente.
Cayó extenuada la pareja mientras el semen goteaba por el sexo de la chica que venía de Jersey.
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Sexo: 10 cosas que ellas detestan
Mar 7th
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Si usted es hombre y alguna vez se preguntó por qué aquella mujer no quiso volver a verlo luego de un encuentro sexual, es muy probable que una o varias de estas diez actitudes hayan sido la causa de su alejamiento.
1.- Demasiada presión: a ellas les gusta que las tomen de manera suave, lo contrario de lo que les agrada a ellos: que sea con firmeza. Ambos tienen que aprender a hacer las caricias que más le gustan a su compañero y tener en cuenta que la descarga de feromonas durante el orgasmo los hace más insensibles al dolor.
2.- Saliva: puede resultar desagradable para una mujer, así que lo recomendable es no exagerar e ir de a poco para conocer sus gustos.
3.- Narcisismo: en la sexualidad está involucrada la mente, el cuerpo, las creencias, los sentimientos y los pensamientos. Si él es narcisista y toma a su pareja como un objeto de su placer, está perdido. La pornografía ha hecho que los hombres actúen como autómatas del sexo y las mujeres siguen esperando al amante ideal. Hay que jugar, no ser tan graves y ser más flexibles.
4.- Caras “raras”: si la expresión del rostro masculino es muy extraña cuando ella está en el momento cúlmine, eso puede cortar el momento y arruinarlo todo. Sin embargo, hay que entender que son caras de dolor, placer e involuntarias, porque se produce un bloqueo de los centros cerebrales del control. De ahí que al orgasmo lo llamen la “pequeña muerte”, ya que hay una desconexión con el cuerpo y una conexión universal.
5.- Calcetines y poleras: los hombres son, en su mayoría, poco estéticos, y algunos tan impacientes que sólo se desnudan las partes íntimas para hacer todo más rápido.
6.- Palabras: en general, a la mujer le gusta que ellos le hablen sobre la relación, que le digan que son hermosas y amadas. Es decir, palabras que resalten sus características personales, eróticas y el deseo que se tiene de estar con ella, pero siempre y cuando no se la incomode, distraiga o bloquee.
7.- Dormir o no dormir: fisiológicamente, el hombre tiene tendencia a quedarse dormido luego del acto sexual por el relajamiento cerebral que éste le provoca. Por el contrario,ella espera ser abrazada y contenida, ya que las mujeres son más románticas y auditivas.
8.- Evitar comparaciones: cada encuentro sexual es único, si él empieza a contar su vida sexual en la cama, no habrá relación que se mantenga y la mujer escapará. A nadie le gusta escuchar las piruetas que no se hacen.
9.- La cama: algunos hombres quedan tan exhaustos que se acomodan para pasar horas en el dormitorio e insisten en comer y ver televisión. Aunque también están los que apenas se acaba la diversión, huyen a la ducha y les gusta salir a pasear o simplemente se van. Cualquiera sea el caso, es mejor acordar de a dos qué se hará después para no lastimar la sensibilidad de nadie, ni arruinar el gran encuentro amoroso por no tomar las decisiones en conjunto.
10.- Repetición: para salir de la rutina, simplemente hay que aventurarse con nuevas posiciones con las que ellas también disfruten. El hombre debe jugar con la mujer empleando los cinco sentidos, usando su voz para seducirla, ropa interior diferente, perfumes, masaje y todo lo que sirva para reinventar la actividad erótica.
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Masturbacion ociosa
Feb 19th
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…Estas hablando con Javier, yo estoy algo ocupadita … me acaricio
suavemente una pierna; subo ligeramente hacia mis pechos y los estrujo como si
fuera un puñado de tierra que coges y dejas caer suavemente. Si que te
encantaría lamer mis pezones prietos y rosados. Que harÍas lo que fuera por
recorrer mis aureolas con tu lengua.
Ahora he bajado hacia mi pubis y con uno de mis deditos comienzo a toquetearme
por encima del camisón en mi sexo; y noto como comienza a crecer.
Rozo mis muslos con las puntas de mis dedos y noto un cosquilleo agradable.
Todo mi cuerpo esta duro y tenso.
Con suavidad y ligereza comienzo a rozar mi clítoris, mas y más. Todavía
continua sin pelitos. Desde que me lo rasuraste aquella ocasión en la que me
provocaste un orgasmo solo susurrándome. Presiono en él con mas fuerza a la vez
que va siendo mayor mi excitación. Me chupo mi dedito, me abro paso entre la
carne de mi pubis e introduzco mi dedo en mi vagina, que esta húmeda y caliente.
Vuelvo de nuevo al clítoris que esta vez esta mas grande y empiezo de nuevo la
carrera hacia un orgasmo que me haga temblar de placer.
Poco a poco mi cuerpo comienza a sudar, y la excitación es mayor. Estoy
dispuesta a ser penetrada. Daría lo que fuera por tener tu pene a mi alcance. Lo
lamería con fruición.
Mi cuerpo arde de ti. Tiene sed de ti.
Siento como mi clítoris se hincha, se hincha cada vez mas, es como si se cerrara
solo, de su propia hinchazón.
Es una sensación insoportable, caliente, nueva, pero a la vez tierna, a la que
es imposible renunciar. Chorreo.
Mi sexo se abre y se cierra sin parar. Mis dedos resbalan de arriba abajo por
los labios de mi pubis. Y siento una humedad pegajosa. Me introduzco un dedo muy
suavemente, lo saco y me lo meto en la boca; y lo chupo. Sabe mal. No entiendo
como siempre quieres lamerme antes de hacer el amor.
Vuelvo al clítoris. Cada vez estoy más excitada. Tiemblo y estoy sudando.
La excitación es mas y más fuerte. Ohhhhhh!!!! Dios mío, como me gustaría que me
lamieras y me metieras tu dedito por los dos lados y con tu lengua dibujando
círculos sobre mi clítoris me llevaras al orgasmo. Ahhhhhh!!!!
Te deseo muchmsimo. Ahhhhhhhh!!!!!!!!!! Me gustaría gemir, gritar, que me
oyeras… Me encanta excitarme. Me encanta masturbarme. Me encanta hacerlo
pensando en ti. Me encanta darte placer. Ummmm!!!! Ya no puedo más..
Me voy, me voy, estoy apuntico. AHHHHHH…..
Me he puesto muy malita…
Sin embargo, no es suficiente.
Me gustaría besar tu pene y lamerlo hasta el final. Estrujarlo entre mi mano.
Deslizar su piel de abajo a arriba y de arriba abajo. Llevarlo hasta mi boca y
chuparlo dulcemente. Ligeramente sentir tu excitación… Ohhhhhhhh!!!!!!!
Siiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!! Pasar mi lengua dejando el surco de mi propia saliva.
Que los pelillos me hagan cosquillas en la barbilla. Saborear su dulzura.
Recorrer la punta con la lengua. Todo muy despacio. Sabiendo que tu sientes un
placer delicioso, intenso. Notar los pequeños bultos de las venas, la piel
rugosa, que sube y baja por los impulsos de mi mano. Hasta que estalles y me
llenes de semen toda la boca, la cara, e incluso mis pechos…
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Espero que te excites tanto como yo y que pienses en esto cada vez que lo hagas.
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Seducida por un albañil
Feb 18th
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Hola, me llamo Angelica resulta que tenia yo 17 años cuando un albañil como de 22 años me sedujo, todo empezo cuando yo regresaba del colegio y al pasar por una construccion me resbale y me lastime un tobillo en eso se acerco para auxiliarme un albañil y me dijo que si estaba bien, al mirar que me tocaba mucho mi tobillo me tomo en brazos y me puso arriba de un auto y al examinarme levanto mi pie cuando me di cuenta que me miraba los calzones yo cerre las piernas y me dio pena el me sobo y me dejo de doler le di las gracias y segui mi camino a casa, a partir de ese dia todos los dias me saludaba al pasar por la construccion, pero esos saludos eran extraños ya que me decia, adios chula, o me mandaba besos, a mi me daba miedo un dia se me acerco y me dijo como te llamas? le dije Angelica y tu? Julio a tus ordenes y que agarra mis manos y las llena de besos, yo me puse roja y con un adios me fui corriendo, sentia una mezcla de miedo con halago, los dias iban pasando y el cada vez era mas atento, me contaba chistes, me empezo a regalar dulces, despues una flor, una pulcera empezo a acompañarme a mi casa y me divertia mucho con el en el camino, puedo asegurarles que hasta el dia de hoy no he conocido a ningun otro hombre como el, mas yo en ese tiempo no me imaginaba nada mas que una simple amistad, el se gano poco a poco mi confianza y le conte de mi, de mi familia, que mi padre no vivia en mi casa que era hija unica y que mi madre era ejecutiva de una empresa de cosmeticos y por tal motivo quedaba yo sola en casa, un dia y no recuerdo como lo deje pasar a mi casa y estabamos en la sala riendonos de cualquier ocurrencia que tenia el, de pronto se me avalanza y me hace cosquillas yo reia y reia pero me daba cuenta de que me pasaba las manos por todo mi cuerpo la verdad para nada me excitaba la situacion pero tampoco me molestaba asi que lo deje hacer, a partir de ese dia Julio diario estaba en mi casa se podria decir que vivia conmigo en el dia y no se por que pero me gustaba su compañia aunque ultimamente tenia mas contacto con el y me refiero a que me abrazaba o acariciaba el pelo, las manos, los pies, y me besaba en el cuello a mi me daba un cosquilleo, un dia estando viendo television yo estaba recargada en su pecho y de repente me beso suavemente la oreja, y me dio unos languetasos para finalmente chuparla toda ese dia me encanto aquello el paro y le dije chupamela mas me gusta que me hagas asi, el entonces siguio besando, lamiendo y chupando mi oreja y yo sentia una rica sensacion de placer. El supo esperar el momento presiso para hacerme suya fue paciente todo un maestro en la seduccion y todo lo que les platico lo hacia en diferentes dias, de repente se la pasaba como un niño jugando conmigo y para nada metia lo sexual, asi que sin que yo pudiera hacer nada el llego a ser mi todo, un dia me dieron ganas de ser yo la que lo abrazara y besara y se me ocurrio darle un beso en la boca, el me abrazo y correspondio mi beso de repente senti su lengua hurgar por mi boca y la mia fue al encuentro de la de el, instintivamente me deje llevar por algo que era desconocido para mi, pero que era placentero, el me acosto en la alfombra y se metio entre mis piernas, me acariciaba un pecho con una mano y con la otra mi entrepirna fue ahi cuando el placer que me hacia sentir era netamente sexual, senti como descargas de electricidad a cada caricia suya en mi entrepierna, yo gemia y respiraba entrecortadamente y el abrio mi blusa y me la quito, despues me quito el corpiño toqueteo con sus dedos mis puntitas y me las redondeaba yo me sentia en la luna y se me salio decirle te amo, el dijo yo mas cosita linda al mismo tiempo que me despojaba de mi falda quede solo con mis calzones y no me di cuenta cuando se desnudo pero de repente el estaba desnudo, vi su pene y me impresiono lo grande y venoso que se veia y sus bolas llenas de vellos se volvio a meter entre mis piernas y me rosaba su falo, yo estaba boquiabierta ya que nunca habia visto ni sentido uno pero lo consideraba muy grande de imaginarlo penetrando mi vagina, al sentir el contacto con mi entrepierna senti muy rico, mientras el estaba devorando mis pechos con su boca, yo emitía pequeños gemidos que se me escapaban sin poder controlar, y el ritmo de mi respiracion era muy rapido como si estuviera corriendo o brincando y sentia que el placer que yo imaginaba que era el mejor que habia sentido en mi vida iba siendo superado por otro nivel constantemente el me bajo mis calzones y me los quito se fue deslizando hasta que su boca quedo en mi vagina y me la langueteo despues me succiono y yo sentia riquisimo se salian los gemidos y ademas le decia mas Julio por favor mas no pares mis caderas se arqueaban y de repente tuve un orgasmo tan fenomenal como es el primero en la vida de cualquier mujer el se chupo todos mis jugos y me dijo estas lista vida mia se deslizo sobre mi pero ahora su pene es lo que quedaba en mi rajita, el coloco su miembro en la entrada y empezo a presionar eso si me dolio y se me salio un hay, el dijo aguanta linda que me haras muy feliz, solo el inicio te dolera, yo le dije si mi amor hazlo, volvio a empujar su pene y me introdujo la mitad, yo senti un poco de dolor pero era soportable, dio un empujón final y senti sus bolas en mi entrepierna, el hizo un bombeo suavecito que me dolia pero tambien se sentia riquisimo, mis caderas le correspondieron y se movian instintivamente sus envestidas se hicieron mas rapidas al igual que el placer el dolor no se quitaba pero era muy tenue el placer superaba a cualquier otro vivido, el me abrazo con mucha fuerza y me beso al momento en que llenaba mi interior de semen, despues dormimos un rato, desde ese dia fui su amante y diario iba a hacerme el amor hasta que… se los contare en otra ocasión.
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Sueño contigo
Feb 11th
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Sonó la tetera, se evaporaba el agua.
Olvidé por una milésima de segundos lo que tenía que hacer.
Él abrazó mi espalda y así hurtó mi consciencia logrando bajar mis párpados casi por inercia.
Sentía compartir el calor de mis glúteos mientras mis poros despedían fragancias de amor, de romanticismo, de perfume que enternecía besos con efusión.
¡Que cálida piel de tus manos, que convertían mis impulsos en esclavos con sed de libertad!
Entonces quise mirarte como escondida tras la puerta de tu cuarto sombrío y humedecer mis labios con los tuyos.
Perseguiste el acto de mis dedos desabrochando botones de mi blusa, y me besaste tiernamente el cuello, erizando mis sentidos de pudor que poseíste cuando tocabas, cuando rosabas, cuando moldeabas y dedicabas estudiar en cada movimiento o cambio de estación de mi cuerpo.
Te extrañaba a cada segundo…
Suelo no saber qué piensas en esos instantes.
Sólo sé que el sol desaparece velozmente cuando me acompañas, y que ya había luna cuando me llevaste al sofá que está pegado a la pared y frente al balcón de nuestro primer beso.
Las estrellas expectantes, sin parpadear, grababan besos, abrazos y tus manos… solo tus manos tatuadas en mi piel.
Entonces te acomodé en los cojines, arrimé mi cuerpo sobre el tuyo,
Sentí el calor que excita a cualquier católica mujer y me sumergí en burbujas de placeres inocentes.
Me llevaste al balcón, a sentir el viento veraniego, a mi cama, a mis suaves sábanas, cómodas almohadas, sin parar de besarte, de tocarte, te desnudaba poco a poco y yo gemía suave en tu oreja.
Mis orgasmos se mesclaron con la fina perfección de lujuria, de lo carnal y espiritual que me entregabas.
Colores de éxtasis y melodías. Arte pura.
Ese instante de besarme las caderas, luego el estómago, masajeabas mis senos y penetrabas en mí la seguridad y amor perfecta que necesita esa noche, esa lánguida noche.
Expulsaba sentimientos de egoísmo, te quería solo para mí, para mí tus besos, para mí tu pecho, tu espalda, quería ser la única que supiera como tratarte, donde acariciarte, como moverse y en donde interrumpir con sonrisas o rasguños.
Tocaste todo mi cuerpo, todos mis sueños destruidos y vacíos.
Y repitiendo a lo largo de nuestra íntima historia, empezamos lento y cada vez más apresurados.
Hasta el día de hoy fuiste un misterio, me seguía preguntando, ¿dónde estábamos aquella noche?…
Yo en mi departamento, pero ¿y tú?, ¿Dónde me llevaste a parar?
¿Tomabas tan en serio mis deseos?
Nos amamos. Fue un pacto, sin poseer a nadie. Fue un compromiso con libertad, siguiendo el curso natural, sin veneno, con amor, con paz.
Descansamos nuevamente en el sofá, ocupamos todo el tiempo que duraba la noche y en vez de dormir, me sentía morir.
Que noche tan melancólica…
Entonces desperté y fui a poner la tetera.
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